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La industria española de bienes de equipo llega a junio de 2026 mostrando una percepción más constructiva que hace unos meses, aunque todavía lejos de poder considerar una estabilización robusta.
El PMI manufacturero de mayo con 51,2 puntos se mantiene por encima de los 50 puntos de inflexión, aunque ha reducido 5 décimas sobre el de abril (51,7). Se observa una pequeña regresión provocada posiblemente por la incertidumbre que la guerra entre Irán, Israel y EEUU continúa provocando.
Aunque el PMI continúa en zona de actividad en expansión, la producción industrial del INE continúa mostrando un patrón irregular, con avances puntuales y una demanda interna todavía prudente, especialmente en bienes de consumo y en parte de la cadena manufacturera.

Es evidente que la búsqueda de nuevos mercados, unida al controvertido enfrentamiento arancelario con Estados Unidos, hace que en paralelo, el componente geopolítico se haya intensificado. La industria española mira a China como mercado y nuevo socio tecnológico, lo que confirma la reciente visita del Presidente Sánchez a ese país.
En abril de este año, España y China han llegado a acuerdos por los que España es considerado como un país prioritario en la campaña denominada “Exporta a China”, con lo que se puede abrir una ventana de oportunidad para nuestra industria en ese mercado.
¿Será China un socio fiable para la Unión Europea y para España en particular? No hay respuesta en este momento. Es cierto que como país consumidor su potencial puede ser muy elevado, pero este tipo de negociaciones tiene dos caras.
Nuestro principal problema es el déficit comercial que mantenemos con ellos. Esto nos recuerda que las empresas españolas deberán hacer un gran esfuerzo para conseguir equilibrar un poco esa balanza comercial.
En 2025, el comercio entre España y China superó los 58.000 millones de euros pero con un déficit español que se situó en torno a 42.000 millones. Es evidente que hay una asimetría que será complicada de equilibrar.
Mientras tanto, Estados Unidos y el entorno occidental siguen siendo imprescindibles para la industria española, pero con una relación más tensa y muy condicionada por los problemas en las cadenas de suministro y la seguridad industrial.
Este tipo de situaciones tensionan con facilidad el negocio de los bienes de equipo porque los proyectos industriales y su innovación tecnológica dependen de importaciones de componentes, exportaciones de maquinaria y decisiones de inversión de largo plazo.
La defensa siempre ha sido un motor de la economía y un gran aliado de los fabricantes y suministradores de bienes de equipo. El desarrollo tecnológico industrial ha obtenido grandes avances gracias a las aplicaciones desarrolladas para defensa y proyectos aeroespaciales.
Hoy, está de actualidad la presión internacional en el refuerzo de la defensa entre los países de la OTAN y no solo en armamento, sino en equipamiento, automatización, mejoras energéticas, sistemas de seguridad, procesos avanzados e incluso ecología.
El propio Ministerio de Industria vincula parte de la autonomía estratégica a la Reserva Estratégica basada en Capacidades Nacionales de Producción Industrial y al Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa. En la práctica, esto puede beneficiar a empresas con capacidad de suministro y fabricación que dispongan de la certificación requerida y un proceso de producción avanzado que les permita afrontar este reto. La mala noticia es que su transformación en pedidos no será inmediata.
En enero de este año, la Unión Europea aprobó la primera tanda de financiación para la defensa a 8 estados miembros. Esta financiación realizada en el marco del acuerdo SAFE, incluye a España junto a Bélgica, Bulgaria, Dinamarca, Croacia, Chipre, Portugal y Rumanía.
En definitiva, la modernización militar unida al incremento de la defensa propician un futuro prometedor para la industria en general, con el suministro y desarrollo de bienes y servicios adaptados a los nuevos retos futuros.
Como conclusión, se observa que la foto actual mezcla estabilización industrial, impulso regulatorio, tensión geopolítica y una incipiente oportunidad ligada a defensa y autonomía estratégica.