La industria alimentaria afronta los próximos años con la IA, la automatización y la digitalización como principales pilares de su transformación tecnológica, aunque estos avances se ven frenados especialmente por los costes operativos y de inversión. En este contexto, se suma una barrera estructural adicional, como es la cultura organizativa, que dificulta la adopción efectiva de estas tecnologías incluso cuando la inversión está disponible. En paralelo, los cambios en los hábitos del consumidor, la biotecnología y la alimentación orientada a la salud se sitúan como los puntos clave de la agenda de la innovación y el consumo. Así lo refleja el I Barómetro sobre la transformación e innovación en la industria alimentaria, desarrollado por Expo FoodTech y Pick&Pack for Food Industry, en colaboración con AZTI, a partir de la opinión de más de un centenar de profesionales de la cadena de valor de la alimentación.
El estudio pone de relieve una apuesta clara por la inteligencia artificial como principal motor de su transformación tecnológica. De hecho, el 72,2% de los encuestados considera que será la tecnología con mayor impacto en la evolución del sector durante los próximos tres años, por delante de la analítica predictiva (40,3%), y de la robótica avanzada (34,7%). Más allá de su potencial futuro, la IA ya está permitiendo optimizar los procesos productivos, anticipar la vida útil de los alimentos, reforzar el control de calidad mediante visión artificial y reformular productos para mejorar su perfil nutricional. Estas aplicaciones reales ponen de manifiesto que se trata de una herramienta estratégica para aumentar la eficiencia, reducir costes y responder con mayor rapidez a las nuevas necesidades del mercado y de los consumidores.
Sin embargo, el barómetro también evidencia la necesidad de superar importantes desafíos. El 59,7% de los profesionales opina que la industria presenta un grado medio de digitalización, mientras que solo el 9,7% lo sitúa en niveles alto o muy alto. Esta percepción se traslada también a las propias organizaciones, ya que el 41,7% califica su madurez digital como media, frente al 29,2% que la considera alta y al 13,9% que la sitúa en un nivel bajo. En este contexto, la producción aparece como el área en la que resulta más necesario acelerar la transformación tecnológica, según el 58,3% de los encuestados, por delante de la calidad y la seguridad alimentaria (43,1%), y el desarrollo de producto y el I+D (30,6%). Por tanto, las prioridades del sector se concentran tanto en mejorar la eficiencia de las plantas como en reforzar el control de los alimentos y acelerar la innovación.
En un contexto marcado por la presión sobre los márgenes y la necesidad de combinar eficiencia, innovación y sostenibilidad, el 55,6% de los profesionales identifica los costes operativos y energéticos como el principal desafío, por delante de la circularidad y la gestión de residuos, con un 27,8%, y de la sostenibilidad y la descarbonización, con un 23,6%. Esta presión también condiciona la adopción tecnológica, ya que para el 40,3% de los encuestados, los costes de inversión son la principal barrera para acelerar la digitalización, seguidos de la cultura organizativa, con un 23,6%, y de la falta de talento especializado, con un 15,3%.
Los cambios en los hábitos y las demandas de los consumidores se consolidan como el principal motor de la innovación alimentaria, según el 73,6% de los profesionales, lo que refleja la evolución hacia un consumidor que busca productos más saludables, personalizados y transparentes mediante la incorporación de nuevas tecnologías, ingredientes y procesos científicos. En cuanto a los procesos científicos, el 52,8% apuntan a la biotecnología como el aspecto que más transformará la creación de nuevos productos, por delante de la IA aplicada a la investigación y el desarrollo, mencionada por el 50%, y de los nuevos ingredientes funcionales (47,2%). Por tanto, el desarrollo de productos capaces de aportar beneficios funcionales requerirá combinar innovación tecnológica, validación científica, conocimiento del consumidor y capacidad para trasladar las soluciones a escala industrial.
De cara a los próximos cinco años, la alimentación funcional orientada a la salud será la principal tendencia de negocio y consumo, según el 54,2% de los encuestados. Le siguen la transparencia mediante el etiquetado avanzado y la trazabilidad, con un 40,3%; la nutrición personalizada, con un 36,1%; y la alimentación local y de proximidad, con un 34,7%. Al mismo tiempo, la automatización industrial y la IA, ambas con un 23,6%, serán los factores con mayor capacidad para redefinir la competitividad del sector, combinando una mayor eficiencia operativa con productos adaptados a las nuevas expectativas del consumidor. El barómetro dibuja así una doble transformación, mejorando su eficiencia operativa mediante la automatización, la IA y la gestión avanzada de los datos, a la vez que debe generar valor a través de productos más saludables, personalizados, transparentes y sostenibles.