El sector del metal afronta el tercer trimestre del año en un contexto de menor actividad, debilidad exportadora y costes todavía elevados. Así se desprende del 17º Informe de Sentimiento Económico del Sector Metal, elaborado por Confemetal a partir de la percepción de sus organizaciones miembro y empresas del sector.
La facturación se situó en 39,3 puntos en el segundo trimestre de 2026, por debajo del umbral de estabilidad, fijado en 50 puntos, y en mínimos de la serie histórica. Para el tercer trimestre, la previsión mejora ligeramente hasta los 41,1 puntos, aunque continúa en terreno contractivo.
La evolución de las exportaciones también refleja la debilidad del entorno exterior. El indicador se situó en 35,7 puntos en el segundo trimestre y la previsión para el tercero alcanza los 37,5 puntos, lo que apunta a una recuperación todavía insuficiente del comercio exterior del sector.
Frente a este escenario, el empleo se mantiene como el indicador más resistente. El índice alcanzó los 51,8 puntos en el segundo trimestre y mantiene esa misma previsión para el tercero, reflejando un escenario de estabilidad y crecimiento moderado pese al impacto de los factores externos sobre la actividad.
En materia de costes, el informe apunta a una moderación prevista en el crecimiento de la energía, el transporte y las materias primas, aunque todos ellos permanecen claramente por encima del nivel de estabilidad. El coste de la energía pasa de 71,4 puntos en el segundo trimestre a una previsión de 66,1 puntos para el tercero; el transporte, de 78,6 a 67,9 puntos; y las materias primas, de 83,9 a 73,2 puntos.
Confemetal advierte de que esta moderación no supone una desaparición de la presión sobre las empresas, sino una reducción del ritmo de encarecimiento. Los costes siguen condicionando los márgenes, la inversión y la capacidad competitiva del sector, especialmente en un momento de menor facturación y débil comportamiento de las exportaciones.
El informe recoge además la preocupación de las empresas por el peso de las cargas burocráticas y administrativas, consideradas una limitación para el crecimiento y la competitividad. También señala que, en determinados casos, el aumento de la facturación responde más al encarecimiento de materias primas que a una mejora real de los volúmenes de actividad.